Skip navigation

Category Archives: lecturas

lavidaagradable3

portada Paseo de los tristesI Renta y diario de amor

“Voy contra mi interés en confesarlo, / no obstante, amada mía, / pienso cual tú que una oda sólo es buena / de un billete del Banco al dorso escrita.” GUSTAVO ADOLFO BECKER

Tú me dueles, amor, pero te canto

y es el gusano que en la carne horada,

no torbellino sino abrazo lento,

sí razón o temor, sí bárbaro camino.

———————-

Ni siquiera la muerte ni tus ojos.

Ni siquiera el amor.

No podemos saldar en un instante

la renta del dolor.

——————————

El autobús

me ha dejado a la puerta de tu casa.

El autobús

no puede recorrer otra distancia.

El autobús

no sabe lo que pasa entre nosotros

ni yo ni tú.

(Javier Egea, Paseo de los tristes, Diputación de Granada, 1999)

 

Las navegaciones más frecuentes del Mar del Sur son del Perú a Panamá, y de aquí a Nueva España y Filipinas, que las que se hacen del Perú a Chile son las menos. De donde se ve que la fuerza de las navegaciones del Mar del Sur se contiene dentro de los trópicos, y como aquí, por la poca altura del polo, tiene tanta fuerza el sol, no da lugar a que los vientos se enfurezcan tanto, ni duren tanto tiempo las tempestades como en aquellas partes que están fuera del trópico y se avecinan más al polo, de donde, finalmente,  se sigue que, como la mayor frecuencia del navegar en este mar es por las partes más calientes y menos expuestas a los rigores del invierno, porque éste no tiene fuerza dentro de la zona tórrida, sino fuera de ella, hacia los polos, comenzaron los navegantes y gente de mar a llamar a este mar Pacífico, dándole la denominación por los buenos efectos que en él experimentan. Al contrario es en el Mar del Norte, porque la mayor frecuencia de las navegaciones es fuera de los trópicos, donde, por tener el sol menos fuerza, la tiene mayor el invierno para enfurecerse más, turbar el mar y alborotarlo con las tempestades que se ven; y como los europeos que comenzaron a navegar el Mar del Sur iban hechos a los peligros a que andan expuestos de ordinario en el Mar del Norte, y se toparan con un mar tan de leche como el que hallaron debajo de la línea y en todas aquellas partes del comercio de la Nueva España con Panamá y el Perú, dieron en llamarle Mar Pacífico, sin meterse en averiguar la causa de la diferencia de estos efectos que en el uno y otro mar experimentaron, que si hubieran de ajustar la denominación con los que se experimentan en el mesmo Mar del Sur, fuera del trópico de Capricornio, es cierto que no tan fácilmente se la hubieran dado de Pacífico. Bien sé que asentará este discurso a los que hubieren hecho alguna experiencia de los rigores con que el mar suele ejercitar a los navegantes por todas aquellas costas de Chile, que corren de veinte y seis grados de altura hasta cincuenta y tres y cincuenta y cuatro*, porque desde que comienza el invierno no se pueden navegar, sino con manifiesto peligro, por las borrascas y tempestades. (…) Por manera que el nombre de Pacífico no le conviene al Mar del Sur absolutamente, según todas sus partes, sino solamente por las del mayor comercio, que por estar éstas dentro de los trópicos, están más libres de tempestades.

 

Alonso de Ovalle, Histórica relación del reino de Chile (Roma, 1646).

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.